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Aniversario del CEP Eric Berne

Jueves, 22 de marzo de 2018

DIEZ AÑOS FORMANDO PSICOTERAPEUTAS

     Este año celebramos el décimo aniversario del CEP, un momento importante de consolidación y proyección, tanto personal como profesional. Personal, porque el Cep somos todos: quienes estamos, los que estuvieron, y los que estaran. Profesional, porque llegamos a él con el anhelo del saber, que es más que aprender, porque saber también concierne al ser; saber implica que el conocimiento no sólo se acumule, sino que sedimente, que haga su poso en cada uno de nosotros y nos transforme. En el marco de esta celebración queremos contaros dónde y cómo empezó el Cep:

   La fiesta del 10º aniversario se realizará en el útero simbólico donde se gestó, el lugar en el que, aún sin saberlo, empezó todo.

 
 
 
 
 
 

 

LOS ORÍGENES

     Avanzando por una subida sinuosa entre casas que se erigen altivas ante el mar llegamos a “Las Bunganvillas”, una de esas casas al final de una calle sin salida: un timbre, una puerta que se abre, unas escaleras que bajan al jardín, diferentes rincones desde donde contemplar el horizonte marino. Una buhardilla azul, con asientos entre cojines, con una pequeña ventana, con una terraza abierta al mar y al cielo, atravesado con frecuencia por aviones, y con  bunganvillas enredadas en su fachada. En esa buhardilla con vistas al mar, un papelógrafo y un maestro; una teoría, el Análisis Transaccional, nos contenía y nos mantenía interesados: procedíamos de diferentes ciudades, algunas próximas, otras más lejanas.

LAS CLASES EN "LAS BUGANVILLAS"

    Un viernes de invierno a las cinco de la tarde. ¿Y con este tiempo no sería más prudente que te quedes? ¿Cómo voy a perderme una clase en “Las Bunganvillas”? Me sorprende el poco tráfico que hay por la C-31, el cielo se ha ido emblanqueciendo y en la atmósfera pesa el silencio. No retrocedo a pesar del manto blanquecino y gélido de un cielo de nieve que desdibuja el paisaje. Me quedo sola, en medio del vacío externo, me siento dueña de la carretera. Empieza a nevar. Acciono el limpiaparabrisas. Enciendo el cd y suena el Himno a la alegría; bajo la ventanilla y siento el frescor de la nieve en la cara y su frío en el cuerpo.

     Al llegar a “Las Bunganvillas”,  la puerta del jardín está abierta. Entro deprisa, el frío blanco se me clava en la cara. Veo a Georges resguardado bajo el porche. Me siento acogida por su sonrisa y su cálida mirada. Bajo con cuidado los peldaños mojados. Su ¿qué tal?, ¿cómo estás? afrancesado, y los cuatro besos me dan la bienvenida, “adelante, Esmeralda y Jesús ya llegaron, sube con ellos”. El comedor está en orden, el sillón rojo junto a la lámpara de pie, el Kansdinsky junto a la palmera al lado de la chimenea, el farol de forja marroquí junto al ventanal, las tallas africanas presidiendo el salón… Se respira calma y el olor propio de la casa. Mientras subo las escaleras que conducen a la buhardilla, oigo el burbujeo  de la cafetera eléctrica y me llega el aroma del café. Sonrío. Agacho la cabeza al entrar. Se nota que hace rato que Georges encendió la estufa. Dos besos, un abrazo y más sonrisas. Sentimos alegría al vernos y estar de nuevo en este espacio. Intercambiamos fragmentos de nuestras vidas entre tazas de café humeante mientras esperamos al resto del grupo.

     Empieza la clase de psicopatología de las personalidades. Georges dio respuesta a nuestra demanda de querer más y más; su agenda nos permite ampliar la formación iniciando las clases el viernes a las seis de la tarde, así tenemos cuatro horas extras de teoría avanzada. Es un lujo esta forma de aprender y de enseñar, y me siento privilegiada. Ocho alumnos, un maestro. 

     Acomodados  en nuestros asientos, escuchamos y tomamos notas. En una  esquina de la  buhardilla, el papelógrafo espera nuestras preguntas, Georges las responde. El silbido del viento y el goteo  del agua golpea los cristales. Hace frío afuera y oscurece, pero adentro siento el calor de la vida y la luz del saber.

     Llegaba el verano, y  la despedida por vacaciones. Luego septiembre, y el inicio del curso con el Taller de Permisos. Nunca olvidaré mi primer Taller de Permisos. Al finalizar ese fin de semana, arropada  por mi vulnerabilidad, salí a la terraza de la buhardilla,  el día era claro, el mar azul, la vegetación verde… Sabía que algo en mí estaba cambiando, todavía no podía ponerle palabras, pero sentía en mi cuerpo la certeza de haber encontrado el camino.

Dicen que  siempre se vuelve  a los  sitios donde se amó la vida.

 

     En “Las Bunganvillas” aprendí a amarla de manera distinta, con mayor consciencia. Volver, después de la despedida de hace unos años, significa hoy el reencuentro con lágrimas y sonrisas, con miedos pasados y alegrías nuevas, alegrías que nacieron al ver los frutos de aquel recién estrenado entusiasmo que iba de la mano del conocimiento, de la profesionalidad, de la generosidad, de la confianza. Allí se gestó el Cep. Hoy cumple diez años. Diez años de recorrido, diez años de vuelo. Bueno es hacer una parada y honrar sus orígenes.

                    Anna Maria González

     En nom de tot l’equip CEP us donem la benvinguda a la celebració del 10è aniversari de la nostra escola i us convidem a conèixer “Las Bunganvillas” i a compartir en aquest espai una experiència entranyable i propera, que enllaçarà passat i present. Us esperem a "Las Buganvillas" el proper 1 de juny.