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La sociedad del Siglo XXI: ¿evolución o regresión?

Miércoles, 19 de junio de 2019

El pasado 31 de mayo tuvimos la oportunidad de escuchar a Georges Escribano, psicoanalista y psicoterapeuta analista transaccional, profesor en la Universidad Sigmund Freud de París y en la Escuela de Análisis Transaccional de Ile de France. Nos ofreció su mirada sobre la sociedad del presente y del futuro, sus observaciones en torno a cómo afrontamos conjuntamente los retos de la modernidad y la globalización.

Los problemas ecológicos, el desmesurado consumo de productos e información y el avance tecnológico son condiciones que ocupan todo el espacio público, hasta el punto de que han apartado de este espacio a la reflexión. El conocimiento se ha refugiado en la Universidad.

 

 

 

A este análisis, Georges observa un cambio de patología social, dirigiéndonos hacia una personalidad más límite, más narcisista o psicopática de la colectividad. Esta idea la constata a través de la observación de un incremento de violencia y delincuencia, tanto a nivel micro como macro; y en las esferas social, política y económica. La característica de los estados límite, y que podemos observar en la forma de comportarse de las personas que asumen el poder, es que no se encuentran inscritos en el tiempo, de forma que carecen de la percepción del continuum pasado-presente-futuro. Así, no aprenden de la experiencia, y no pueden establecer la relación causa-consecuencia. No se sienten responsables de su comportamiento y tratan al otro como un objeto según sus intereses. Esto ocurre porque se quedaron fijados en una etapa muy arcaica del desarrollo, cuando una buena vinculación con la madre es primordial, no pudiendo desarrollar un nivel psicoafectivo óptimo en la madurez.

El hecho de que sólo viven pensando en los beneficios del presente conlleva la utilización de los avances sociales para la manipulación en busca del beneficio inmediato. Esta situación nos lleva, conjuntamente, a una experiencia de “estar en supervivencia” como un esclavo que no puede pensar por estar únicamente pendiente de sobrevivir. Y con este “estar” aumenta la angustia arcaica. Se pierden las referencias y los valores.

Este panorama trágico es algo que puede sobreponerse a través de un capitalismo ético -señala Georges-. Un capitalismo donde se coopere, donde se decida y construya conjuntamente, donde nos encontremos con otros para tomar decisiones.

Para ello, Georges defiende la necesidad de conseguir una madurez social. ¿Cómo se llega a esta madurez? Por un lado, debemos asumir la propia diferencia y aceptar la del otro. Así es como podemos comunicarnos. Debemos en segundo lugar ser conscientes de la interdependencia, es decir, reconocer la verdad en cada espacio de diferencia y construir juntos los éxitos mutuos. Por último, debemos adquirir responsabilidad, individual y colectiva, una cualidad que permite ver al otro no como un enemigo, sino como un amigo.

Al fin, la madurez social se puede construir colectivamente, promoviendo proyectos de cooperación, pensando juntos en acciones alternativas a las instituciones del poder. Sólo asumiendo nuestro poder a través de nuestra responsabilidad colectiva, vamos a poder hacer de este siglo un lugar de encuentro, y no de lucha y de conflicto.

 

 

 

 

 

Anna Maria González y Sara Perpinyà